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¡CUÁNTA HIPOCRESÍA, CUÁNTO MACHISMO Y CUÁNTA COBARDÍA, SR. BARREDA!

Con todos los respetos que me merece el cargo de presidente de una región, más aún si se trata del de mi región, Castilla-La Mancha, me voy a permitir decir lo que pienso, aunque no sea, como se suele decir habitualmente, “políticamente correcto”. Vaya por delante que me refiero a la persona, no al cargo, al que respeto y respetaré siempre, por convicción, por principios y porque soy una demócrata convencida de pensamiento, palabra y obra.

En esta vida las personas se definen por sí mismas: por lo que hacen y por lo que dicen. Se pueden equivocar, claro que sí, y también pueden ejercer la noble virtud de rectificar, aunque algunas como el presidente de Castilla-La Mancha, el Sr. Barreda, ni reconozcan sus errores ni hagan ejercicio de las virtudes que parece no tener ni conocer. Pero las personas se definen, sobre todo, por la coherencia o incoherencia entre lo que hacen y lo que dicen, supuesto éste último en el que reciben la merecida calificación de “hipócritas”.

Imaginemos una persona que dice querer mucho a su tierra (pongamos que hablo de Castilla-La Mancha) y que en ella se vive mejor que en otros lugares o comunidades limítrofes, pero que viven en otros lugares y no en su tierra. Recomienda hacer lo que no hace. Ese es José M. Barreda, el único presidente de una Comunidad Autónoma que renuncia a vivir en su tierra para vivir con su familia en una región –Madrid- gobernada, no por casualidad, por el Partido Popular.

Imaginemos una persona que dice querer tanto a su tierra que la sacrifica con la falta de agua y con la condena a la sequía durante 30 años, derogando una norma, un Plan Hidrológico Nacional que beneficiaba a Castilla-La Mancha y que resolvía el problema del agua en Castilla-La Mancha; y retirando una Propuesta de Reforma de nuestro Estatuto de Autonomía que con las aportaciones del Partido Popular garantizaba agua en cantidad y calidad para nuestra región. Una persona a la que le ha importado más mantener a Castilla-La Mancha en el “dique seco” y seguir utilizando electoralmente el tema del agua, que resolver el problema del agua.

Imaginemos una persona que critica permanentemente la sanidad y la educación privadas, y las de otras regiones próximas, y a la que se le llena la boca a la hora de hablar de “lo público”, pero que, si examinamos la trayectoria del mismo y de los dirigentes socialistas veremos como a sus hijos o familiares los llevan a colegios privados o concertados, a universidades de otras regiones vecinas y/o privadas, o a hospitales de otras regiones vecinas, algunas gobernadas, no por casualidad, por el Partido Popular.
Imaginemos también una persona que habla de las mujeres considerándolas con cierta saña, “incapaces” y/o “tontas” ya que, según su criterio, no podemos hacer dos cosas bien al mismo tiempo. Eso sí, sólo lo dice de las mujeres, concretamente de algunas mujeres que han demostrado capacidad de trabajo y efectividad en el trabajo que realizan, desempeñando con éxito puestos a nivel nacional y regional; pero esta apreciación no va con los hombres de quienes no cuestiona su capacidad, aunque compatibilicen dos o más cargos a la vez. Y esto lo afirma quien ostenta 3 cargos simultáneamente y nunca ha cuestionado su propia capacidad, ni la suya ni la de otros hombres o mujeres.

Y lo afirma quien ha demostrado su capacidad obteniendo el título de profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha siendo ya Consejero, es decir, miembro del gobierno regional. Menuda capacidad y menudos méritos, ¿Quién se iba a atrever a suspender a todo un Consejero? ¡Esa persona es José M. Barreda!

Imaginemos una persona que de orígenes “nobles” y “aristócratas” parece recordar lo que ha aprendido en tiempos pasados y en honor a sus orígenes ejerce lo que aprendió, lo que nada tiene que ver con las formas ni normas de la democracia, a pesar de vivir en un Estado democrático y de derecho, sino más bien todo lo contrario. Nada de controles ni de explicaciones, y mucho silencio y la censura del todo aquello que huela a “corrupción” o no coincida con la doctrina oficial del “régimen”. Y anunciando la consecuencia de la “vaselina” para el que no acate las instrucciones, vamos que ¡el que se mueva no sale en la foto!

Imaginemos una persona sumisa y arrodillada ante su líder Rodríguez Zapatero que ha votado a través de sus diputados y senadores, los socialistas de Castilla-La Mancha entre los que se encuentran su mujer, todas aquellas iniciativas que han conducido a nuestra tierra y a nuestro país a una catástrofe económica y social: ha votado a favor del aborto, a favor de la subida de impuestos, a favor de la congelación de las pensiones, a favor de la bajada de sueldo a los empleados públicos, a favor de los mayores recortes sociales de la democracia, a favor de la reforma laboral que facilita el despido…, pero a la que sólo le importa la “catástrofe electoral” que le puede afectar a él, que no a su partido. Vamos que la catástrofe económica y social parece no importarle, pero la suya personal y política, sí, esa sí.

E imaginemos una persona que después de ser, no tan responsable como Zapatero, sino más responsable que Zapatero de la catástrofe económica y social que vivimos, pues sin él nada de lo que ha sucedido hubiera sido posible, ahora pretende lavarse las manos como Pilato y echarle la culpa a los demás, eso sí, reculando inmediatamente y mostrando lealtad y afecto hacia Zapatero. ¡Que Dios nos libre de tanta lealtad y afecto!

Éste es, ni más ni menos, José María Barreda, la persona que tenemos los castellano-manchegos por presidente del gobierno, el que dice una cosa y hace exactamente la contraria, el que calla donde tiene que alzar la voz, el que podía y debía haber evitado la catástrofe económica y social y no lo ha hecho, la personificación de la hipocresía, de la cobardía y del machismo. Pero que no se equivoque nadie, el cargo que ostenta es respetado y muy respetable, lo que no puedo decir de la persona, por demérito de sí misma.

Cuanta hipocresía, Sr. Barreda, cuánta hipocresía, cuánto machismo y cuánta cobardía. Espero que no se moleste por haber sido “políticamente incorrecta”, porque más vale ser una como es, aunque no sea políticamente correcta, que no que la puedan llamar hipócrita o, en su caso, también cobarde y machista, Sr. Barreda.

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