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“La diferencia entre preocuparse… y ocuparse”

Esther Martínez Esther Martínez

Quienes tenemos familiares o amigos que han pasado por un cáncer o quienes, como yo, lo hemos vivido en primera persona, sabemos que cada prueba, cada espera, cada visita a un hospital y cada trámite cuenta. También sabemos que, cuando uno está enfermo, las fuerzas no están para recorrer kilómetros innecesarios ni para soportar explicaciones que no resuelven nada: toda la energía se necesita para luchar y sobreponerse.

 

Por eso el problema del servicio de radioterapia en Cuenca trasciende de lo político y toca lo más humano. Y quizá por eso duele especialmente comprobar que, en pleno 2026, la provincia siga sin contar con un servicio tan básico, obligando a decenas de pacientes a realizar desplazamientos interminables para recibir un tratamiento que debería estar disponible cerca de sus hogares.

 

Recuerdo perfectamente cuando, hace ya 24 años, me tocó pasar por este trance. Por aquel entonces, en Cuenca no existía servicio de radioterapia; ni siquiera estaba externalizado al IVO. Los pacientes oncológicos, como yo, nos veíamos obligados a viajar a Madrid para recibir el tratamiento. Ya entonces me parecía incomprensible que una necesidad tan básica no estuviera cubierta. Por eso cuesta aceptar que, después de tanto tiempo, Cuenca siga enfrentándose a la misma situación. ¿Cómo es posible que, tras más de dos décadas, no hayan sido capaces de garantizar este servicio esencial aquí, donde hace falta? ¿En qué cabeza cabe?

 

Hace unas semanas, la delegada de la Junta en Cuenca afirmaba estar “muy pendiente y preocupada” por los pacientes oncológicos que deben desplazarse cada día cientos de kilómetros para recibir su tratamiento. Sin embargo, obviaba deliberadamente que esta situación no es inesperada: es la consecuencia directa de una falta de previsión que se arrastra desde hace tiempo. Por eso, es oportuno recordar a la señora López que su labor no consiste solo en expresar preocupación, sino en ocuparse de verdad y dar soluciones a los problemas que entran dentro de sus competencias. Su responsabilidad no termina en una foto ni en un titular amable que la deje en buen lugar. Su responsabilidad -al igual que la de quienes tienen competencias sanitarias en la región- es velar por Cuenca y garantizar que los pacientes reciban la mejor atención posible. Y eso exige planificación, anticipación y claridad.

 

Si no, que se acerquen a cualquiera de los hospitales a los que se derivan nuestros pacientes para que vean, con sus propios ojos, lo que muchos viven a diario. Que conozcan historias como la de Ángel, un hombre de casi ochenta años que cada mañana sube a una ambulancia para recibir su tratamiento. Va solo, porque su mujer -también mayor- no puede acompañarlo; “no está para viajes”, me cuenta él con una mezcla de ternura y resignación. Cuando llega a Albacete, baja despacio, se orienta como puede hacia la zona de radioterapia y, a veces, se queda esperando sin saber cuál es el siguiente paso. Y, cuando termina la sesión, le queda aún lo más duro: esperar la ambulancia y afrontar más de dos horas de regreso, cargando con el cansancio, los efectos secundarios y el peso que su edad y su enfermedad ponen sobre cada kilómetro.

 

Y quizá eso es lo que más duele, que un hombre al que la vida ya le ha pedido tanto tenga que sumar, a su lucha, un viaje interminable que nunca debería haberse convertido en parte de su rutina.

 

Mientras tanto, los responsables socialistas llevan meses eludiendo responsabilidades, confundiendo a los conquenses y encadenando fechas para la puesta en marcha del servicio: que si falta un permiso, que si a finales de año, que si en febrero… Y ahora anuncian, por fin, que supuestamente van a empezar con las consultas previas al tratamiento. ¿Qué día recibirá un paciente su sesión de radioterapia en Cuenca?

 

Ojalá sea pronto. Porque no olviden que, si hoy los enfermos oncológicos de Cuenca no pueden recibir radioterapia aquí, es consecuencia directa de la gestión del Gobierno de Page y sus dirigentes en Cuenca, que no han sabido prever ni planificar, y cuyos errores recaen sobre quienes más necesitan apoyo. Es momento de dejar atrás las excusas y culpar a otros; es momento de asumir responsabilidades, acelerar los trámites necesarios y cumplir con lo prometido: restaurar un servicio que nunca debió interrumpirse en Cuenca. Menos preocupación y más ocupación.

Quienes tenemos familiares o amigos que han pasado por un cáncer o quienes, como yo, lo hemos vivido en primera persona, sabemos que cada prueba, cada espera, cada visita a un hospital y cada trámite cuenta. También sabemos que, cuando uno está enfermo, las fuerzas no están para recorrer kilómetros innecesarios ni para soportar explicaciones que no resuelven nada: toda la energía se necesita para luchar y sobreponerse.

 

Por eso el problema del servicio de radioterapia en Cuenca trasciende de lo político y toca lo más humano. Y quizá por eso duele especialmente comprobar que, en pleno 2026, la provincia siga sin contar con un servicio tan básico, obligando a decenas de pacientes a realizar desplazamientos interminables para recibir un tratamiento que debería estar disponible cerca de sus hogares.

 

Recuerdo perfectamente cuando, hace ya 24 años, me tocó pasar por este trance. Por aquel entonces, en Cuenca no existía servicio de radioterapia; ni siquiera estaba externalizado al IVO. Los pacientes oncológicos, como yo, nos veíamos obligados a viajar a Madrid para recibir el tratamiento. Ya entonces me parecía incomprensible que una necesidad tan básica no estuviera cubierta. Por eso cuesta aceptar que, después de tanto tiempo, Cuenca siga enfrentándose a la misma situación. ¿Cómo es posible que, tras más de dos décadas, no hayan sido capaces de garantizar este servicio esencial aquí, donde hace falta? ¿En qué cabeza cabe?

 

Hace unas semanas, la delegada de la Junta en Cuenca afirmaba estar “muy pendiente y preocupada” por los pacientes oncológicos que deben desplazarse cada día cientos de kilómetros para recibir su tratamiento. Sin embargo, obviaba deliberadamente que esta situación no es inesperada: es la consecuencia directa de una falta de previsión que se arrastra desde hace tiempo. Por eso, es oportuno recordar a la señora López que su labor no consiste solo en expresar preocupación, sino en ocuparse de verdad y dar soluciones a los problemas que entran dentro de sus competencias. Su responsabilidad no termina en una foto ni en un titular amable que la deje en buen lugar. Su responsabilidad -al igual que la de quienes tienen competencias sanitarias en la región- es velar por Cuenca y garantizar que los pacientes reciban la mejor atención posible. Y eso exige planificación, anticipación y claridad.

 

Si no, que se acerquen a cualquiera de los hospitales a los que se derivan nuestros pacientes para que vean, con sus propios ojos, lo que muchos viven a diario. Que conozcan historias como la de Ángel, un hombre de casi ochenta años que cada mañana sube a una ambulancia para recibir su tratamiento. Va solo, porque su mujer -también mayor- no puede acompañarlo; “no está para viajes”, me cuenta él con una mezcla de ternura y resignación. Cuando llega a Albacete, baja despacio, se orienta como puede hacia la zona de radioterapia y, a veces, se queda esperando sin saber cuál es el siguiente paso. Y, cuando termina la sesión, le queda aún lo más duro: esperar la ambulancia y afrontar más de dos horas de regreso, cargando con el cansancio, los efectos secundarios y el peso que su edad y su enfermedad ponen sobre cada kilómetro.

 

Y quizá eso es lo que más duele, que un hombre al que la vida ya le ha pedido tanto tenga que sumar, a su lucha, un viaje interminable que nunca debería haberse convertido en parte de su rutina.

 

Mientras tanto, los responsables socialistas llevan meses eludiendo responsabilidades, confundiendo a los conquenses y encadenando fechas para la puesta en marcha del servicio: que si falta un permiso, que si a finales de año, que si en febrero… Y ahora anuncian, por fin, que supuestamente van a empezar con las consultas previas al tratamiento. ¿Qué día recibirá un paciente su sesión de radioterapia en Cuenca?

 

Ojalá sea pronto. Porque no olviden que, si hoy los enfermos oncológicos de Cuenca no pueden recibir radioterapia aquí, es consecuencia directa de la gestión del Gobierno de Page y sus dirigentes en Cuenca, que no han sabido prever ni planificar, y cuyos errores recaen sobre quienes más necesitan apoyo. Es momento de dejar atrás las excusas y culpar a otros; es momento de asumir responsabilidades, acelerar los trámites necesarios y cumplir con lo prometido: restaurar un servicio que nunca debió interrumpirse en Cuenca. Menos preocupación y más ocupación.

 

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